En la carrera por el reemplazo de los combustibles fósiles, la energía nuclear acaba de perder una batalla fundamental. La crisis desatada en los reactores de Fukushima, en Japón, tras el terremoto-tsunami del 11 de este mes, volvió a poner en tela de juicio esta alternativa energética, tan cuestionada en el pasado. En este nuevo escenario, muchas voces comenzaron a destacar el nuevo rol que les puede caber a partir de ahora a los biocombustibles, una opción de energía renovable que están en pleno desarrollo en la Argentina.
Los biocombustibles se dividen en biodiesel y en bioetanol, producto que tiene a Tucumán -y al sector azucarero- como artífice clave. Las proyecciones indican que este año se podría registrar un crecimiento del 60% en la producción argentina de biocombustibles, de la mano de ambiciosos proyectos en marcha y otros en carpeta. Es importante que los empresarios azucareros a cargo de sostener el programa de biocombustibles no descuiden este negocio que por ahora no presenta un tope

Los factores en contra
En el espectro de las energías alternativas, los biocombustibles tienen todavía desafíos por superar. Más allá de que en la Argentina la producción de esta opción energética debe resolver el problema de los efluentes que genera -la vinaza-, también choca con el hecho de que su desarrollo demanda grandes extensiones de tierra cultivable. Algunos expertos destacan que parte de la culpa del cambio climático y la suba global de temperatura proviene de la desertización y la deforestación, ambas fruto del uso en masa de parcelas terrestres para cultivos.  

Los números de la energía

80 por ciento de los biocombustibles del mundo son elaborados en Brasil y Estados Unidos.

84 por ciento de la totalidad de la energía que consume el planeta es aportada por los combustibles fósiles.

0,5 del aporte mundial de energía recae en biocombustibles, mientras que la energía nuclear llega al 5,5%.